viernes, 4 de agosto de 2017

Me llevo vuestros nombres

                                                    
"Los pasados se pierden, pero no cuando caen en el saco sin fondo 
del tiempo, sino cuando dejan de pertenecernos o dejamos de pertenecerles"  
L.G. Montero

En otro tiempo y en otro espacio, de mi escuela al sindicato me llevé sus nutridos nombres. Ahora, de mi sindicato a la escuela me llevo los vuestros; agradecido y orgulloso. Tiempos de tránsito, de despedida difícil, de nuevas miradas, pero tiempos de recuentos y acopios de la fortuna de haber conocido y sentido cercano vuestros nombres. Acabo de irme y ya sois añorados. Tiempos para organizar y acomodar la maleta al patrimonio vital vivido y explorar en otros escenarios los nuevos caminos, seguro que con otras incertidumbres pero con un común relato. 


Me llevo una mochila llena de vuestros poblados nombres que asegura nuevos reencuentros, de sentimientos de perdida por lo que ya pasó y por lo que hicimos, y rabia por lo que no pudimos hacer. Tiempo de amasar y cuidar los recuerdos para no malgastarlos, deformándolos en vano. Tiempos de hacer memoria, que retienen el ayer y que rememoran múltiples emociones; argamasa secular de los afectos forjados. Tiempo para nuevos proyectos vitales, para seguir creyendo y apostando, en la escuela o en el sindicato, por los mismos valores que dieron y que darán sentido a otro tiempo. 


Me llevo todo el sumatorio de vuestros nombres, nombres multiplicados, nombres vinculados a la risa o al llanto, a la trinchera compartida, a los sueños rotos o que seguimos soñando, a la pasión de un colectivo abrazo y también al dolor de alguna que otra abultada derrota. Todo un privilegio de paisaje brotando vuestros nombres con la fortaleza, y el color nítido de nuestro tantas veces viajado y compartido extenso encinar.   


Pero también me llevo retratados los nombres de los "innombrables", los nombres de los "otros", de los enemigos de lo colectivo, porque ya se que nunca darán tregua, por los siglos de los siglos. Lo han demostrado con sobrada nota y su genética les seguirá invitando a la compulsiva persistencia de su clasista inutilidad. Hay pulsiones destructoras que son tan viejas como la naturaleza humana. Si, me llevo todos sus nombres, para ignorarlos o volver a confrontarlos si así fuera necesario. Ni olvido, ni perdón. 

Los que perdimos la inocencia seguimos soñando con alamedas imposibles pero recordaremos por siempre como usaron el púlpito, la res pública, sus consejos y sus gobiernos indiferentes para criminalizar a los divergentes o a los depauperados. Tan prescindibles como una copa de arena en el desierto. Ya os digo; están identificados en sus afanes, en sus siglas y en sus individuales y manchados nombres.


Con la brizna viva y serena de todos vuestros extensos nombres: Abel, Alberto, Alvaro, Ana, Angel, Antonio, Bea, Carlos, Candelo, Carmen, Chemita, Chemari, Concha, Cruces, David, Edu, Emilio, Encarna, Felicidad, Felix, Fernando, Guillermo, Javier, José Luis, Helena, Inés, Isabel, Joaquín, Juan, Juani, Julián, Laura, Lupe, Manuel, Maria, Marta, Meli, Nico, Noemi, Paco, Paloma, Puerto, Queca, Ramón, Raúl, Reyes, Ricardo, Rocio, Rosa, Santiago, Satu, Sole, Sergi, Sheila, Tedo, Tina, Valentin, Victor, Viky y otras decenas de mucho más nombres. ¿Cómo no haber sentido el privilegio de haberos conocido, aunque en momentos de barro y sombra sintiéramos la soledad de ya no querernos tanto?. Tal vez, revolviéndonos y decepcionados de tanto chocar con la realidad, y a pesar de todo ello ha merecido mucho más que el acúmulo de cientos de penas. 

Seguro que el tiempo nos devolverá, de nuevo, a las querencias y a los afectos. A la izquierda siempre la salvo el reconocimiento y la memoria. Me llevo todos vuestros sólidos, extensos y vividos nombres. Y todo lo que arropan dos palabras como un paraguas: Comisiones Obreras.  
 




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