viernes, 1 de agosto de 2014

De Aveiro a Oporto.




Vivir en Extremadura y no acercarse a Aveiro es un pecado. Su historia ha estado siempre vinculada al agua y a su extensa ría. El florecimiento de Aveiro tiene su mayor esplendor en el siglo XVI, momento en el que todo el norte portugués realizaba campañas de pesca en aguas de Terranova. Pero, en 1570, la desembocadura del Vouga comenzó a enarenarse cerrando el acceso al puerto. Fue una etapa de enorme decadencia  de la que tardó en recuperarse, momento en el que se construyó un canal que llegaba hasta el mar y permitió la nueva apertura del puerto, a finales del siglo XIX. Su atractivo está marcado por su ADN pesquero. Los `moliceiros´ son unas barcas de proa alta que se dedicaban a extraer el `molico´, compuesto de algas y limo, hoy meramente turísticas.


Como toda Portugal, en Aveiro los azulejos modernistas, ilustrados con imágenes pesqueras, salpican todos sus rincones, desde casas particulares hasta iglesias. Puedes darte una vuelta por el mercado de pescado donde destaca su suelo. En la plaza que lo acoge, disfruta en cualquier establecimiento de la comida portuguesa. El barrio de pescadores, con sus innumerables casas blancas apretadas en sus estrechísimas calles, es de lo más significativo, salpicadas de construcciones modernistas que rebelan el tono pujante en momentos de su historia.



Recientemente y muy bien articulado con lo que es Aveiro se ha construido un centro comercial que manifiesta una cierta coherencia con la localidad. Pero ir a Aveiro y no visitar su estación de ferrocarril es desperdiciar la mejor sesión  pedagógica a través de sus azulejos, que explica lo que fue esta localidad. 


 

A las afueras del casco urbano, se encuentra la salina, cuyas sales gozan de propiedades curativas. Esta desemboca en la Playa de Barra, una zona de veraneo que cuenta con dunas naturales y un impresionante faro. Muy cerca de allí está Costa Nova, que en su día fue un pueblo de pescadores y hoy dedicado al turismo de lujo amante de los deportes acuáticos con las renovadas casitas rurales marineras, los llamativos `palheiros´ pintados a rayas de colores, según creo que motivado por una costumbre de utilizar la pintura sobrante de las embarcaciones.  Las mariscadas de Costa Nova son dignas de vivirse, además de frescas y moderadamente baratas, regadas con vino verde de la casa, aunque a mi la cerveza portuguesa me encanta. 




No sólo Costa Nova, sino toda la zona es una de las mecas del famoso bacalao portugués, que los lusos saben preparar de tantas maneras diferentes, todas ellas exquisitas. Merece la pena pasarse por cualquiera de sus hipermercados y observar cómo en la pescadería cualquier aveirense es capaz de discernir las diversas calidades de este pescado.


 

Y de Costa Nova a Oporto, que es la segunda ciudad más importante de Portugal después de Lisboa. Tiene aproximadamente unos doscientos cuarenta mil habitantes. Cuando en 2001 Oporto recibió la capitalidad cultural de Europa, junto con Rotterdam, el eslogan utilizado para promocionar dicho evento fue "Pontes para o futuro" (Puentes para el futuro).  Puentes realizados en la innovación y belleza, fechados en distintas épocas y de distintos estilos arquitectónicos.

La considerada segunda capital de Portugal cuenta con un considerable número de puentes que enlazan la ciudad a un lado y a otro del río Duero. El más conocido y célebre de todos es el puente de Don Luis I (Ponte Dom Luís I, en portugués). Su construcción se basa en el proyecto del ingeniero alemán Théophile Seyrig, que fue socio del famoso Gustave Eiffel, con quien fundó la empresa Gustave Eiffel et Cie. 
 

En su etapa como socio del famoso constructor francés, Seyrig diseñó en la ciudad de Oporto el Puente María Pía, así llamado en honor a María Pía de Saboya, una obra maestra que deslumbró por su sencillez y precio a todos los que presenciaron el concurso para su adjudicación.Fue el primer puente ferroviario en unir las dos márgenes del río Duero. Posee dos pisos. El superior cuenta con unos 390 metros de longitud y el inferior con aproximadamente 174 metros. Mientras que por el superior pasa una línea de Metro, la vía de abajo está dedicada a otro vehículos, como coches, autobuses o camiones. Hay pasarelas para que puedan pasar las personas en ambos pisos. La gran característica del puente es el gran arco de hierro que posee. Por su fama y belleza, el puente congrega gran cantidad de turistas. Las vistas del piso superior ofrecen al visitante una panorámica del río Duero a su paso por la ciudad, así como los barrios que han nacido a ambos lados del río.  En el último cuarto del siglo XX era evidente que el puente ya no respondía a las necesidades. Está dotado de una sola línea y sólo permitía ir a 20 km por hora, con cargas muy limitadas.Se encuentra en desuso desde la apertura del puente São João, en 1991. Pese a la importancia arquitectónica de la obra, actualmente se encuentra en proceso de degradación debido al abandono causado por la falta de utilización práctica.



De visita obligada es la Estación de San Bento, que está situada en el centro de la ciudad y por lo que seguro pasaréis varias veces por allí. No os conforméis con ver la fachada. Desde San Bento podréis tomar alguno de los trenes con destino a la zona de los viñedos o hacia alguno de los bonitos pueblos de la región entre los que destacan Guimaraes, Braga y Viana do Castelo.


Desde allí, no dejéis de ver el Mercado do Bolhao. No tiene la monumentalidad del gran mercado de Budapest, por ejemplo, ni tampoco la variedad que hay en La Boquería de Barcelona pero aquello impresiona. El mercado central de Oporto es uno de los edificios emblemáticos de la ciudad y se cae a trozos, por lo que está prevista una remodelación integral para evitar males mayores.Aquí también se puede tomar café y comer.




Tiene estación de metro, llamada también Bolhao, justo al lado y está situado cerca de la oficina municipal de turismo. Aquí hay que ir a dar una vuelta porque el sabor portugués está garantizado y el ambiente excepcional. Los domingos está cerrado y el sábado cierra a partir de mediodía, concretamente a las 13h30.  Frente a su salida encontrarás establecimientos como la "Confeitaria de Bolhao" o La "Perola de Bolhao". Los golosos no podrán resistir la tentación en estas 'confitería' incluso más antigua que el Café Majestic. Su especialidad son las tartas como el sortido Húngaro (pequeños panecillos cubiertos de chocolate, de una receta traída a Portugal por un inmigrante húngaro) y los ovos moles (yema de huevo envuelta con una capa de azúcar).
 

Y a continuación paseo hacia el "Majestic". Desde 1921 lleva en la calle Santa Catarina de Oporto este café, donde la escritora de Harry Potter se pasaba muchas horas. Estos sitios tan bien conservados son hoy historia viva de la ciudad. Aquí hay que ir, por supuesto, ya que está muy céntrico y sería una pena no visitarlo por dentro. No sólo podemos beber sino también desayunar, comer, merendar y cenar, como es habitual en los cafés de este país. Los domingos cierra así que ojo al dato. Los precios son algo más altos que en los cafés de enfrente pero lo que farda es haber ido al Majestic. La copa de cerveza son 4 euros. En la misma calle tenemos una buena oferta de restauración a precios comedidos.
 


Como las ciudades son libros que se escriben con los pies, después de haber pateado hasta la "Campana de la Música" para divisar una interesante panorámica de Oporto y su río, podéis cerrar la visita con un paseo en barco de una duración aproximada de una hora y terminar degustando un Lágrima blanco en alguna de sus innumerables bodegas. Siempre volveré a Oporto. 





Album de fotos. Primavera 2014.
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