lunes, 11 de febrero de 2013

Owen o el PP fotocopiando a Thatcher.

"Ahora que se ha dejado de temer a las clases trabajadoras, ya no merecen respeto, y los de arriba pueden regodearse en su superioridad como si esto fuera el siglo XVIII".  Polly Toybee



Para qué vamos a reclamar al capitalismo que resuelva sus contradicciones internas y sus numerosas fallas, si se puede, desde la óptica neoliberal, desplazar la responsabilidad de sus déficits a los más desfavorecidos utilizándolos como chivos expiatorios, previa destrucción de su identidad como clase social. 

El desprestigio planificado, por parte del P.P. y la cólera de los de Aguirre, al que ha sido sometido las organizaciones sindicales de clase no ha sido gratuito. El experimento de M. Thatcher en los ochenta es muy gráfico y nos muestra el patrón que está siguiendo la derecha española: desacreditar a la clase social a la que está transfiriendo las consecuencias nefastas de sus políticas "austericidas". La criminalización sistemática de las personas desempleadas como parásitos que "vampirizan" los recursos de los que trabajan o la de los empleados públicos como casta privilegiada que debe ser extinguinda, o la de los sindicalistas como vagos y subvencionados, es parte del plan para dividir la cohesión identitaria de los trabajadores, fomentando la lucha fratricida dentro de la propia clase.

Para Thatcher y análogamente ahora para el P.P., la mejor forma de romper las resistencias de clase social trabajadora era atacar frontalmente el fortín de la izquierda social, es decir a sus sindicatos de clase. Mientras la izquierda predicase la lucha de clases, las dificultades para introducir paradigmas ideológicos de nueva directriz eran evidentes. Había que pasar a la acción y convertir al neoliberalismo en el mayor de los activistas para propiciar esa confrontación de clase de forma intensiva, con un objetivo claro: ganar. En este sentido, es muy clarificadora la afirmación de Warren Buffett cuando dice:  "Hay una lucha de clases, por supuesto, pero es mi clase, la clase de los ricos, la que dirige la lucha. Y nosotros  la vamos ganando".


Era evidente que la concentración industrial en Inglaterra significaba un obstáculo sustantivo para borrar la huella sindical como referente en el imaginario social, y así con el determinismo de Thatcher, con su concepción de "Un hombre, un capitalista" se inició la andadura de lo que Pinochet, años atrás, había propugnado, bajo el auspicio teórico de Milton Friedman, como "El Chile no de los proletarios, sino de los emprendedores".

Debilitar lo colectivo y propiciar lo individual fue la estrategia de Thatcher y como fotocopia, ahora, la de Rajoy y Cia, con su discurso favorecedor de una individualista aspiración social con final feliz solo para los "mejores". Escalar a la clase social alta era posible pero de manera limitada y solo se accede a ella compitiendo para estar entre los selectos y ello es imposible si tienes una conciencia colectiva y sentido de pertenencia a una clase. Si hay una percepción colectiva de la existencia conceptual de clases sociales, existen intereses en conflicto y aunque para el experimento thatcheriano esa evidencia conllevaba a la lucha, la forma de obviarla para que pasase desapercibida y no se notara era la exaltación de lo individual como procedimiento de ascenso social y su no consecución la de un fracaso personal pero nunca el del sistema. ¿Para qué una identidad colectiva  de clase obrera si ello supone un handicap para alcanzar excelsos objetivos de "autoemprendimiento" y logros sociales?. 

En aquellos años, la alianza de la "Dama de Hierro" con los sectores financieros y servicios, el valor disparado de la libra con intereses especulativos y el alto nivel inflacionista provocaron la caída de las exportaciones. Producir manufacturas pertenecía al pasado y en menos de cinco años la industria se diezmo, pasando de un millón de personas desempleadas a cuatro, siendo las colas del paro y el miedo a perder el empleo auténticos motores de desmovilización sindical. Vencido el sindicalismo minero y su beligerancia todo fue escalonadamente más fácil .

Su política "nacionalista" con la bienvenida "Guerra de las Malvinas", su populismo con el orden público y la venta de viviendas de protección oficial entre aquellos que pudieron comprarlas fue un cebo para fragmentar a la clase trabajadora entre propietarios y arrendatarios; los unos se vanagloriaban de su ascenso gracias a su esfuerzo y talento y los otros eran arrojados a una incipiente "subclase" con potenciados sentimientos autoinculpatorios. La "Dama", había encontrando la fórmula para justificar la injusticia. El paradigma estaba creado: las desigualdades son consecuencia de elecciones y opciones personales y no son generadas por un sistema que genera suficientes oportunidades.

Cuando Thatcher llego al poder en 1979, los ingleses pobres alcanzaban la cifra de cinco millones, en 1992 ya eran catorce. Durante su gobierno no había tenido ningún complejo en transferir gran parte de las responsabilidades fiscales de los ricos al resto de la población, además de acabar con prestaciones sociales que, según el pensamiento thatcheriano, su escasez avivaba el esfuerzo por alcanzar una posición más ventajosa. La pobreza para el thatcherismo no era de carácter material sino comportamental; solo se llegaba a ella por una perezosa actitud personal donde el sistema no era responsable, pero la Encuesta Británica de Delincuencia registraba el doble de incidentes entre el inicio del gobierno de M. Thatcher y su final.

Ella quería esconder el conflicto social, la lucha de clase y el paro pero a la realidad no se la puede torturar para que haga fiesta con lluvia de confettis. Lo peor es que, en nuestro pais, la lluvia fina caida ha reblandecido, en exceso, el cerebro a miles de desesperados "emprendedores" que creen que lo individual puede hacerse un hueco, aunque sea por encima de lo colectivo. 

Artículo relacionado en mi blog: 
  •  "Los Desclasados" 
http://canchales.blogspot.com.es/2012/10/recupero-un-articulo-que-escribi-antes.html
  • Libros de Owen Jones
    • Chavs.La demonización de la clase obrera 
    • El establishment